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Ante este
evento, hay dos posturas encontradas. Por un lado están quienes
defienden un carnaval exclusivo para los niños, y por otro, aquellos
que piensan que no es bueno fomentar la competencia a tan temprana
edad.
Como todo
en la vida, es necesario e imprescindible el menos común de los
sentidos: el sentido común.
Si logramos
preparar a los niños para disfrutar de la fiesta más allá de
resultados...
Si logramos
que los espectáculos sean buenos para recibir la aprobación y el
goce del público...
Si logramos
que cada componente esté convencido de que puso lo mejor de sí....
Lograremos un carnaval puro, como corresponde a las edades de los
participantes y sin duda fortaleceremos el gran semillero del
carnaval.
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